Ya hace más de una semana desde la última entrada. Me he demorado demasiado para cerrar este doble artículo. Pido a mis lectores/as disculpas por omitir su interés y dedicarme otras distracciones más mundanas (si también en éstas se incluye el trabajo). Me dispongo de nuevo a obsequiarles con mi tiempo para que ustedes, si gustan, compartan el suyo leyéndome. La conciencia en ocasiones es esquiva, se recluye en la mente. Y ahora deseo que se libere.

Poco después del encuentro con André partiríamos a Barajas para cojer el puente aéreo a Barcelona. Saldríamos de Peñafiel a las 4 de la madrugada. Con más sueño que un perro pequeño me limpio las legañas dándome una buena ducha. Sacudo pronto la humedad del cuerpo y me relamo el bigote. Nuestra próxima aventura nos llevaría a
San Sadurní d'Anoia, la capital del cava, invitados por la bodega
Raventós i Blanc. Guau! En barcelona nos espera Sergio con un autobús que nos trasladaría a la bodega.

Aunque la idea necesaria de su fundación se demoró durante algunos años (sus inicios se remontan a 1986) la Bodega
Raventós i Blanc da para escribir un libro. Es la historia irresoluta de
Can Codorníu, que tampoco se libró de cambios ni de conflictos en el transcurrir de sus generaciones. La historia del
hereu (heredero) que llevaba funcionando en la sociedad rural catalana desde los tiempos sin memoria.
L' hereu, por manejos del azar, gozaba de los derechos patrimoniales y asumía la mayor responsabilidad de conducir el clan. En
Can Codorníu la figura jurídica-patrimonial del hereu desapareció en 1927, dando paso a lo que conocemos por la actual
Codonríu Sociedad Anónima accionarial. En
Raventós i Blanc se conserva el espírutu del
hereu en el viejo roble que da la bienvenida no sólo a los que llegamos a su bodega, también a los visitantes de la bodega prima-hermana que se sitúa enfrente, la de
Codorníu. Pero la filosofía y el concepto del
hereu ha traspasado los muros de la casa parial para cruzar la carretera que lleva a San Sadurni y por último trascender en la moderna bodega y viñedos propios que la rodean.

Resumo lo más reseñable. Después de un consistente almuerzo, recorrimos los viñedos y disfrutamos de unas excelentes vistas, con el
Montserrat al fondo. Sergio nos guío entre las 44 parcelas y nos explicó las prácticas sobre el viñedo, así como el compromiso de la bodega para ejercitar una
agricultura sostenible. El control sobre todo el ciclo se hace más sencillo aplicando el modelo del
Château francés: únicamente se elabora con los frutos de las viñas que rodean la bodega. Todo el viñedo es observable desde el mirador de la torre que engalana como una tilde el bello paisaje. El respeto por su suelo le ha valido a Raventós i Blanc la
Certificación de Producción Integrada para su viñedo (Febrero de 2008).

Tras la exploración guiada, regresamos al edificio para catar varios cavas y vinos. Para mi desgracia
Elisabet no acudió al acto. El grupo entretenido en las libaciones no lo sintió tanto como yo. Pero he de decir que el cava
Elisabet de Raventós ha pasado al exclusivo grupo de los vinos que brillan por su ausencia, y aquí nunca

mejor dicho. Pero contrariamente a lo que les pasa a muchos de los
super-vinos con el don de la ubicuidad y de la invisibilidad, Elisabet mantiene una estupenda relación
calidad-precio. Si encuentran ustedes, mis lectores, alguna botella de
Elisabet no la compren: ¡secuéstrenla! Es lo que ha de hacerse cuando un rey atesora en su palacio una princesa tan hermosa. Si el
tendero-tabernero le sorprende en plena hazaña y se pone flamenco, recuerdele aquella anécdota de
Helena y Paris, implore al gañán para que sea comprensivo. Si el tendero-tabernero le dice que prefiere las
tragedias de Esquilo a los relatos épicos de Homero, a todo esto, blandiendo un cuchillo jamonero, corran, ¡corran!, que ancha es Castilla.

Entre los vinos catados he de recordar varios.
Isabel la Negra 2005, un tinto 80/20
cabernet sauvignon/monastrell, que me sorprendió aunque no me entusiasmó, por su atipicidad, no encajaba bien en mi nariz. La fuerza de la costumbre me impide apreciar todos aquellos matices sorprendentes, expresados en el aire con rotundidad.
La Rosa y Silencis 2007 ya me era bien

conocidos, por lo que más grato fue mi primer encuentro con el
Perfum de vi blanc 2007, un artificio de macabeu (viura) y
muscat (moscatel de grano menudo) que responde con delicadeza a la llamada de los neófitos que se interesan por la variedad o por el vino en general. Porque este es un
blanco aromático, muy
floral, mostrando explosivamente lo mejor de la muscat en la nariz. Y en la boca viene la macabeo para aportar a la estructura acidez, amplitud y final algo cálido, pero que viene bastante bien para dar aliento al jardín que luce esplendoroso en la retronasal. Recomendable para los que viven rodeados de gris hormigón.

Aunque también degustamos el
Gran Reserva de la Finca 2003, me quedo con
L´hereu Reserva brut 2006. Fué el primero que catamos y tomé nota haciéndole una reseña bastante larga. La voy a resumir en un recuerdo. Recién desembarcamos en el
Prat de Barcelona, acostumbrado al olor de la meseta interior, lo primero que apreció mi nariz es que nos encontrabamos cerca del mar. Al poco la pituiraria se acomodó a este nuevo aroma hasta que se hizo imperceptible. Y vino el
espíritu de L'hereu a traérmelo de nuevo a mi primera copa. Siempre que quiera recordar intensamente aquel magnífico viaje recurriré a
L'hereu. Porque su espíritu se encuentra no sólo en el roble, las instalaciones, los documentos antiguos, el terroir, la labor en el campo,... También se encuentra en sus botellas, pero sobre todo en el
factor humano. Todo el personal de la bodega nos hizo sentir como en casa, en familia. El protocolo estaba tan bien implementado que en

ningún momento nos pareció que existiese. Y mira que nuestro grupo es complejo para estas sofisticaciones. Chapó a la organización. Chapó al arroz y la merluza de Dolores Duque de la que tomó buena nota
el cocinero fiel (el espíritu hospitalario del hereu propició el encuentro). Chapó a Joan Amat i Solé, que hiló una agradable e interesante conversación durante la comida. Me dejo algunos nombres por el camino, pero no me puedo olvidar y me quito el sombrero ante
Josep Raventós que me dió toda una lección de como administrar el tiempo.

¿Se pensaban que no iba a dedicar este
doble artículo? Ha sido un olvido cosciente. La conciencia es caprichosa. La idea del tiempo, los conflictos y los cambios me vino a la cabeza hace tiempo, mientras mantenía una conversación telefónica con Sergio Santorum, miembro de la familia de
Raventós i Blanc, compañero de la
III Promoción de Sumilleres de la CCV y, sobre todo,
amigo. En aquella ocasión me confesaba que no sabía como corresponder
tanto cariño recibido durante
tanto tiempo compartido. No es para menos. Sergio es una persona que sueña con las rayas de la carretera. Como pasan los hitos. Como los segundos se fugan más allá de la luz, monótonamente, donde la oscuridad lo devora todo. Entre las largas pausas que son sus continuados viajes, disfruta de los momentos agridulces: el encuentro con sus clientes y distribuidores. Y digo disfruta, porque valora el tiempo.
Sergio, CC y CC te están dedicadas a tí y a tu familia (la de Galicia). El cambio que supuso en tu rutina los lunes y los martes de estos seis hermosos meses guárdalos en el haber. Pero que no te suponga conflicto alguno el pensar que nos debes tiempo. Este preciado bien guárdalo para tu familia, bien merecedora de la gracia. Yo también guardaré en la conciencia el tiempo que compartimos.